miércoles, 27 de enero de 2010

Sueño...


Muy despacio levanto mi cabeza e intento mirar el cielo.
¡¡Mierda!! Ahora lo recuerdo…. Me vende los ojos hace tiempo.
Suavemente deslizo los dedos por el trozo de tela negro y lo retiro. Las retinas sufren la luz solar y creo que me e quedado ciega.
Pero… no es así.
Los abro de nuevo y observo. El mundo. Limpio, perfecto, de calles asfaltadas y pulcramente decoradas, jardines florecidos donde niños y madres juegan con sus vestidos de domingo.
Yo, en cambio, aquí estoy. Cubierta de mugre, con el pelo despeinado y los ojos enrojecidos.
Doy un paso, con valor doy otro, y así continuo explorando ese universo maravilloso al que deseo pertenecer.
La gente me mira a mi paso. Algunos me dan la espalda con rapidez, otros sienten nauseas. Mi suciedad les asusta, les ahuyenta, les doy asco y me lo demuestran con sus continuas muecas.
Intento acercarme a ellos, hablarles, pedirles ayuda para eliminar toda esta suciedad de mi cuerpo, pero… me ignoran, me repelen como a una cucaracha.
Hundida y cansada me dejo caer al suelo en un mar de llantos abruptos. Con la mente intento localizar el lugar del que proviene tanto dolor.
Es el pecho.
Es el corazón.
Es mi ventrículo derecho.
De repente una mano me levanta con fuerza y me mira a los ojos. Es un hombre, de fuertes brazos y mirada hipnotizante.
- Ven conmigo.
Me dice. Y yo, sumisa, obedezco.

Abro los ojos. Estoy en una bañera de leche y pétalos de rosas negras. Me relajo. Dejo que la leve corriente me envuelva.
Él entra en el baño con una esponja blanca en la mano y una sonrisa nueva en la otra.
El silencio nos envuelve. ¿Será por que las palabras sobran?
Despacio empieza a lavar mi cuerpo con dulzura. Primero las piernas. Luego los brazos, el pecho y la cabeza.
La mierda se desprende poco a poco al mismo tiempo que satisfecha cojo la sonrisa que me ofrece y me la coso.
- Así esta mejor ¿no crees?
Asiento.
- Pero por mucha suciedad que elimines no te confundas, siempre serás diferente.
Asiento de nuevo. Soy consciente pero… ¿a quien le importa?

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